viernes, 9 de noviembre de 2018

Amar la vida o morir en vida (O30)

El amor es nuestra única perspectiva de supervivencia en este planeta.


Gerald Hüther


Todos los niños son superdotados

A Antonin le han dado un violín. Lo coge y toca.
O para ser más precisos: no toca el violín, juega a que toca el violín.
Y luego juega a que interpreta música con el violín.
De repente, se pone a escuchar con atención. Está sentado con las piernas cruzadas y sumergido en una profunda introspección, no juega con el violín, sino con los sonidos del violín.
Podríamos habernos preocupado porque no sujeta el arco de la manera correcta.
Podríamos haber intervenido. Haber pensado: si no pone las manos correctamente desde el principio va a coger vicios.
Pero Antonin es cualquier cosas menos ciego. Lleva tiempo observando a los violinistas. Ha interiorizado cada uno de sus gestos.
Igual que hice yo con la guitarra. Así que confío. Sé que la más mínima intervención puede hacer que la música pase de ser un juego a ser una tarea. Y eso sería el final del paraíso.
Unos días más tarde, sin el más mínimo indicio, sin el más mínimo entrenamiento, Antonin sujeta el arco correctamente. Su postura es estrictamente conforme a la norma y no implica ningún esfuerzo.
Sí :esto es lo que les pasa a todos los niños -porque Todos los niños son superdotados*-.

*Gerald Hüther. Jedes Kind ist hochbegabt. Albrecht Verlag, 2012.
André Stern

jueves, 25 de octubre de 2018

Gracias amigo

En el enamoramiento se transfigura a la persona amada. Es a un tiempo ella y más que ella misma. El ser amado es doble. Es el ser concretísimo que tenemos ante nosotros y es la divinidad que lleva en sí todas las posibilidades del mundo, todo aquello que en él proyectamos. El ruego al amado es un grito desesperado. El amigo, por el contrario, no se transfigura.


Francesco Alberoni


miércoles, 19 de septiembre de 2018

Un rayo de luz que activa... (O52)


¿Creemos que empezamos a morir desde el momento en que nacemos, o aceptamos que ese momento activa el proceso de sanación que es natural e inherente a la existencia de nuestro cuerpo? Dicho en términos más personales, ¿crees que desde el momento en que naciste has estado sanando y rejuveneciendo?

Gregg Braden 

sábado, 15 de septiembre de 2018

jueves, 6 de septiembre de 2018

La etiqueta es el mayor enemigo de la sabiduría

Llamar a cada diferencia y desviación como trastorno mental también es circunscribir la normalidad y definir la cordura, no como tranquilidad o posibilidad, que son los productos de la sabiduría que se niega, sino como conformidad, placidez y una especie de mediocridad.

Neel Burton 

lunes, 3 de septiembre de 2018

Experimentar y maravillarse (O48)

Las verdades no se aprenden, se descubren 


Jiménez Deredia

Entender el Viaje (O48)

Venimos de una esfera, un vientre materno de donde surge una vida que no es más que un viaje cósmico, un polvo de estrellas que hace un viaje. No solo cuando nacemos y morimos, es un viaje de muy atrás, que tiene puntos en común con muchos otros seres humanos…Nuestro viaje no es solo histórico sino que contiene billones de años de historia que están en nuestros genes, nuestra estructura mental y que constituyen nuestra espiritualidad. Se necesita entender bien de qué se trata porque quien no hace ese ejercicio, entonces vive mal el viaje; vive frustrado, con un existencialismo que lo angustia. Cuando uno entiende de dónde viene, de este proceso cósmico y que todo el universo está dentro de nosotros, que somos un pedacito del todo y que con nuestra existencia le estamos ayudando al Universo a que cumpla su destino -aunque seamos solo un granito de arena- pues ya es más fácil entender el viaje que hacemos.


Jiménez Deredia 

miércoles, 29 de agosto de 2018

Actualizar la forma: adaptar el continente al contenido

Hay muchos modos distintos en que decimos que una cosa existe: una ley, una piedra, una nación, una guerra, un personaje de una comedia, un dios de una religión a la que no nos adherimos, un dios de una religión a la que nos adherimos, un gran amos, un número...; cada uno de estos entes «existe» y «es real» en un sentido diverso de los demás. Podemos preguntarnos en qué sentido algo existe o no (Pinocho existe como personaje literario, no en el registro civil), o si una cosa existe en un determinado sentido (¿Existe una regla que prohíbe enrocar después de haber movido la torre?). Preguntarse en términos generales «qué existe» o «qué es real» significa únicamente preguntarse cómo queremos utilizar un verbo y un adjetivo. Es una pregunta gramatical, no una pregunta sobre la naturaleza.
La naturaleza, por su parte, es la que es, y nosotros la vamos descubriendo paso a paso. Si nuestra gramática y nuestra intuición no se adaptan a lo que descubrimos, no pasa nada: tratemos de adaptarlas.
La gramática de muchas lenguas modernas declina los verbos en «presente», «pasado» y «futuro». No es adecuada para hablar de la estructura temporal real del mundo, que es más compleja. La gramática se formó a partir de nuestra experiencia limitada, antes de que nos percatáramos de su imprecisión a la hora de captar la rica estructura del mundo.

Carlo Rovelli



Masas peligrosamente razonables (O23/+43)

¿Sigue confiando en la razón? No, ya no confío en la razón porque los totalitarismos nos han enseñado que los malos instintos pueden matar a miles, a decenas de miles, pero solo la razón puede matar a millones, porque la ideología basada en el pensamiento racional establece que matar es correcto. La maldad puede matar a unos pocos, pero es la persuasión, el llamamiento a la razón, lo que te puede llevar a hacer cosas mucho más terribles.
¿Y cree en algo que pueda hacer mejor a la gente? Es una pregunta difícil. ¿Tengo que creer en algo?
Fragmento de una entrevista a Agnes Heller

Crear un campo de fuerza conectado para Crecer


Vivimos por tanto en un «campo morfogenético»* carente de respeto del que, como siempre, son precisamente los niños los que se ven más afectados, ya que ellos a lo largo de todos sus años de desarrollo están inexorablemente sometido a las leyes de la naturaleza. Es decir, que son especialmente sensibles si les tratamos como objetos en lugar de como sujetos, si bien, al mismo tiempo tienen aún fuerza para defenderse de tales ofensas y para darnos sin cesar una señal cuando algo en nuestra atención no va bien. Los niños tristes, abatidos, que se pegan a nosotros, miedosos, hiperactivos, agresivos, sabelotodos y tensos nos dan señales de alarma. Podemos ir con estos niños al médico, hace que se sometan a un tratamiento psicológico, podemos adaptarlos a nuestra irrespetuosa sociedad con todo tipo de psicofármacos o de condicionamientos, pero antes o después deberemos correr las consecuencias.
O por el contrario, podemos decidir respetar los procesos vitales y abogar por un proceso de aprendizaje y de crecimiento que incluya en igual medida a adultos y a niños. En medio de un ambiente irrespetuoso, cada uno de nosotros puede crear un nuevo «campo morfogenético» consigo mismo y con su «prójimo», en lugar de someterse al campo de fuerza de un medio ampliamente hostil y de seguir ciegos su tendencia. Como este campo de fuerza actúa sin ser visto, como un campo magnético, necesitamos un grado elevado de presencia y de atención incluso en las situaciones más irrelevantes, como si tuviéramos que orientarnos en la oscuridad. La tendencia general de aquello que «se hace normalmente» está caracterizada por la directividad, es decir, actuar permanentemente desde fuera hacia dentro. Las situaciones son «resueltas». Los problemas se solucionan de forma que el que actúa desde el exterior impone su voluntad usando las técnicas más variadas.



* Término que procede de Rupert Sheldrake

Rebeca Wild

viernes, 3 de agosto de 2018

Atrapado en esa falsa identidad de 'mi'

(...) trabajamos debido a conceptos abstractos como el estatus, el prestigio, el deber, la seguridad…, cosas en las que supuestamente hemos de creer, ya que todo el mundo parece creer en ellas. ¿Nos hemos preguntado alguna vez si nosotros creemos en ellas y por qué?
Somos adictos a objetos materiales, a sustancias, a sistemas de creencias, a otras personas, pero en la raíz de todas estas adicciones está nuestra adicción principal: la adicción a nosotros mismos. Somos adictos al relato de “mí”. Somos adictos a mantener esa imagen de nosotros y a defenderla a muerte, a realizar trabajos constantes en esa imagen, a mejorarla, comparándola y contrastándola con otras imágenes; a crear la imagen perfecta, a completarla antes de morir y a asegurarnos de que los demás tengan esa imagen de nosotros incluso después de que hayamos muerto. En este sentido, todos somos adictos, nos guste o no, tengamos o no un diagnóstico clínico de adicción.

Jeff Foster