Si el trabajo lo hacemos con la intención de "mejorarnos", seguimos alimentando la culpa y el orgullo, dos dragones con mil cabezas que se reproducen interminablemente y nunca se sacian. Pero si este camino lo emprendemos por alcanzar la plenitud de consciencia que nos corresponde como humanos, siguiendo un impulso tan natural como el que lleva a las plantas a buscar la luz dejando de atribuirnos el mérito de hacerlo y dejando también de esperar las recompensas, lo que ocurre simplemente es que desvelamos los engaños que en algún momento de nuestra historia colectiva nos ayudaron a sobrevivir.
Carmen Durán y Antonio Catalán
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