Pablo d'Ors
viernes, 10 de abril de 2015
Dejar que la Vida nos toque
Es habitual que prolonguemos y agrandemos nuestros sentimientos para sentir que estamos vivos, que nos pasan cosas y que nuestra vida es digna de contarse. Por supuesto que la vida es siempre una interpelación y que todos somos tocados por ella; pero ¿cuántas de nuestras reacciones son auténticas reacciones a la interpelación de la vida y cuántas, en cambio, simples decisiones mentales que han tomado la interpelación como excusa, pero que la han dejado, definitivamente, muy atrás?
El VIAJE
Finalmente un día supiste
Lo que debías hacer y empezaste,
A pesar de que las voces a tu alrededor
No cesaran de gritar
Su mal consejo,
A pesar de que la casa entera
Empezara a temblar
Y te fallaran las fuerzas.
¡Salva mi vida!
- gritaban las voces.
- gritaban las voces.
Pero tú no te detuviste.
Sabías lo que debías hacer,
A pesar de que el viento hurgara
Con sus tenaces dedos,
A pesar de que su melancolía
Fuera terrible.
Ya era tarde,
Oscura noche,
Y el camino estaba lleno de
Piedras y ramas caídas.
Pero poco a poco,
Mientras dejabas sus voces atrás,
Las estrellas empezaron a brillar
Entre los parches de nubes
Y oíste una nueva voz,
Que lentamente
Reconociste como la tuya,
Que te hacía compañía
Mientras te adentrabas cada vez más
En el mundo,
Con la determinación de hacer
Lo único que podías hacer.
Con la determinación de salvar
La única vida que podías salvar.
Mary Oliver
Sólo hay un camino: el propio camino
Todos los caminos son lo mismo: no llevan a ninguna parte. Son caminos que van por el matorral. Puedo decir que en mi propia vida he recorrido caminos largos, largos, pero no estoy en ninguna parte. Ahora tiene sentido la pregunta de mi benefactor. ¿Tiene corazón este camino?
Si tiene, el camino es bueno; si no, de nada sirve. Ningún camino lleva a ninguna parte, pero uno tiene corazón y el otro no. Uno hace gozoso el viaje; mientras lo sigas, eres uno con él. El otro te hará maldecir la vida. Uno te hace fuerte, el otro te debilita.
Si tiene, el camino es bueno; si no, de nada sirve. Ningún camino lleva a ninguna parte, pero uno tiene corazón y el otro no. Uno hace gozoso el viaje; mientras lo sigas, eres uno con él. El otro te hará maldecir la vida. Uno te hace fuerte, el otro te debilita.
Carlos Castañeda
Hacer no haciendo
...el crecimiento sigue allí: el grano que está en la tierra no pide sino brotar. ¿Hay que quedarse pasivamente al borde del campo y mirar cómo crece: espero que crezca...? No, por supuesto: sólo hay que hacer, dice Mencio, lo que cualquier campesino sabe, algo discreto y nada heroico: día tras día, arar, escardar, layar junto a los brotes, favorecer su crecimiento, es decir, favorecer la transformación silenciosa que conduce poco a poco, ante nuestros ojos, sin que la percibamos, a que un día el trigo esté maduro y no tengamos más que segarlo. Ayudar a lo que se produce por sí solo, dice también como un eco Laozi, disolviendo nuestro enfrentamiento griego entre lo natural y lo técnico (phusis/tech-né).
Francois Jullien
sábado, 7 de marzo de 2015
Rendidos al Misterio
Nuestros diversos sentidos, que nos parecen tan personales que a veces nos apartan de los demás, van en realidad mucho más allá de nosotros. Son una extensión de la cadena genética que nos conecta con todo lo que en un momento u otro ha tenido vida; nos vinculan con otras personas y animales, por encima del tiempo y las circunstancias. Son un puente entre lo personal y lo impersonal, entre el alma privada y sus muchos parientes, entre el individuo y el universo, entre todo lo que tiene vida en la Tierra. En el sueño profundo, el espectro de nuestras ondas cerebrales va de ocho a trece hertzios, frecuencia a la que una luz parpadeante puede desencadenar ataques epilépticos. La trémula Tierra late suavemente a alrededor de diez hertzios. De modo que, en nuestro sueño más profundo entramos en sincronía con el temblor del planeta. Soñando, nos convertimos en sueño de la Tierra.
Comenzó en el misterio y terminará en el misterio. Por mucho que podamos explorar los grandes y pequeños principios de la vida, sus detalles cautivantes, y desentrañarlos y aprenderlos de memoria, siempre habrá vastos campos ignotos que nos atraerán. Si la ignorancia es la esencia de la aventura, siempre habrá ignorancia suficiente para hacer zumbar la vida y renovar nuestro asombro. Hay gente a la que irrita que por mucho y muy apasionadamente que lo estudien, el universo siga inescrutable. ¨Por mi parte¨ , escribió una vez Robert Louis Stevenson, ¨viajo no para ir a alguna parte, sino para ir. Viajo por el viaje mismo. La gran cuestión es moverse.¨ La gran cuestión con la vida es vivir de modo tan variado como sea posible, cultivar nuestra curiosidad como un pura sangre nervioso, montarlo y galopar por las colinas inundadas de sol todos los días. Donde no hay riesgo, el terreno es llano y estéril, y a pesar de sus dimensiones, sus valles, montañas y atajos, la vida carecerá de su magnífica geografía, no será más que una distancia. Empezó en el misterio, y terminará en el misterio, pero ¡qué salvaje y hermoso país hay entre ambos extremos!
Diane Ackerman
viernes, 26 de diciembre de 2014
Canales de Vida
¿Qué ha pasado para que nos hayamos perdido tanto?, me pregunto. ¿Qué ha sucedido para que ya no nos reconozcamos en lo más genuinamente humano? ¿Cómo es que desconozco lo que debería serme familiar? Preguntas y preguntas sobre el paraíso perdido. Pues bien, la respuesta a estas preguntas está en el lugar en el que nacen. Mientras el hombre tenga preguntas que hacerse, tiene todavía salvación.
Para alcanzar estos vislumbres de lo real, no merece la pena esforzarse; más que ayudar a encontrar lo que se busca, el esfuerzo tiende a dificultarlo. No conviene resistirse, sino entregarse. No empeñarse, sino vivir en el abandono.Tanto el arte como la meditación nacen siempre de la entrega; nunca del esfuerzo. Y lo mismo sucede con el amor. El esfuerzo pone en funcionamiento la voluntad y la razón; la entrega, en cambio, la libertad y la intuición. Claro que bien podríamos preguntarnos cómo puede uno entregarse sin esfuerzo. Los chinos tiene un concepto para eso: wu wei, hacer no haciendo. Wu wei consiste en ponerse en disposición para que algo pueda hacerse por mediación tuya, pero no hacerlo tú directamente, forzando su arranque, desarrollo o culminación. Lo único necesario para esa entrega es estar ahí, para captar de este modo lo que aparezca, sea lo que sea. La meditación es algo así como una rigurosa capacitación para la entrega.
De manera que no hay que inventar nada, sino recibir lo que la vida ha inventado para nosotros; y luego, eso sí, dárselo a los otros. Los grandes maestros son, y no hay aquí excepciones, grandes receptores.
Pablo d'Ors
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domingo, 14 de diciembre de 2014
Naciente
...Cuando entras en el bosque, te apresa la incertidumbre de los tiempos; y te pierdes. La sensación de pérdida es hermosa porque es la conexión con el movimiento ¡Qué bien que te pierdas! Cuando dices me he perdido es cuando mejor estás. Te has encontrado en el límite de tus conceptos. La mente llama pérdida al paraíso de la corriente. Si te pierdes conectas con lo que hay. Perderse es una metáfora para vivir en presente, para navegar en el estado de fluidez y realidad.
El presente no es estático. Es más, no es una idea. Es algo que se mueve, nadie nos lo ha dicho. En nuestras mentes se ha configurado un presente que es el centro entre pasado y futuro, pero no es así.
...
Te dio a luz el movimiento que nunca se detuvo pero que tú detienes cuando abres la boca y nombras las cosas
Antonio Galindo
lunes, 24 de noviembre de 2014
En escuela de la Vida
Llegará un día en que los niños aprenderán mucho más rápidamente en contacto con el mundo exterior que dentro del recinto de la escuela
McLuhan
lunes, 3 de noviembre de 2014
La casa de todos
Mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo
Eduardo Galeano
domingo, 12 de octubre de 2014
Sol y agua para los corazones del planeta
La vida emocional humana se nutre de amor. Este es, en los albores de la vida, el bálsamo que consuela al recién nacido y le permite alejarse de la emociones negativas que lo perturban: miedo al desamparo y rabia al no ser atendido en sus necesidades primarias, para comenzar a construir en su interior una emocionalidad positiva, un estado dinámico de armonía emocional que se irá fortaleciendo gradualmente a través de las sucesivas vinculaciones afectivas que irá estableciendo a lo largo de su desarrollo. En este guión madurativo, el amor es la poderosa fuerza que serena el tormentoso caudal de emociones que perturba a cada instante el temperamento; es el amor el que modela la personalidad y el carácter y otorga fortaleza ante la vicisitudes de la existencia. Si el planeta está saturado de lágrimas, el bálsamo más perfecto es el amor, por cuanto su acción cae sobre un terreno muy fértil: un organismo delicadamente diseñado para recibir su impronta.
En esta perspectiva, todo miedo y toda ira dejarán de tener sentido frente al poderoso influjo del amor, el cual ingresa en el alma del niño desde antes de nacer y va forjando en él una emocionalidad positiva, al modo de una fortaleza en cuyo interior van creciendo fuerzas cada vez más imbatibles. El organismo del niño está diseñado para la armonía y la felicidad, pero requiere nutrientes, a la manera de una tierra cuyas simientes solo germinarán si reciben el efecto beneficioso del sol y del agua. Los nutrientes del alma humana son de naturaleza afectiva y provienen de los otros. Esos otros, llamados a poseer un significado en la vida del niños, tienen una misión esencial: ser sol y agua para el corazón de ese niño. Quienes poseen un carácter significativo para un niño tienen como misión entregar amor.
Amanda Céspedes
sábado, 20 de septiembre de 2014
miércoles, 13 de agosto de 2014
¡Cuidado con la educación que adormece!
El TDHA (Trastorno de hiperactividad y deficit de atención) es una epidemia ficticia. (...) Estamos haciendo transitar a nuestros niños por la educación, anestesiándoles. Y creo que deberíamos hacer exactamente lo opuesto. No debemos encerrarlos, debemos despertarlos, sacar de ellos eso que llevan dentro.
Sir Ken Robinson
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